viernes, 2 de octubre de 2009

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Dicen que pasamos media vida durmiendo. Media vida apoyando nuestra cabeza en la almohada y soñando. Y también dicen que los sueños, sueños son. Pero esos fragmentos no pueden ser simples cortometrages sin sentido. Son fragmentos de una vida paralela a nuestra cama. Si no, no tendría sentido gastar una media de 8 horas cerrando nuestros ojos, y dejando camino libre a nuestro inconsciente. Porque cuando dormimos, además de descansar de la realidad del día a día, dejamos que nuestros más profundos sentimientos afloren, coherente o incoherentemente. Pero salen de dentro, porque necesitan expresarse. Por eso, creo que hay una interconexión entre sueño y realidad. Los sueños nos quieren decir cosas silenciadas en la vida real. Nuestro cerebro nos habla de noche, porque de día estamos demasiado ocupados como para escucharle. Los sueños a veces es la repetición de lo vivido. Los sueños, a veces son la realidad. Hay gente que sueña cosas que luego pasan. A veces son premoniciones. A veces son presentimientos. A veces un sueño te muestra lo que podría haber ocurrido. Tienen un significado. Y tienen un poder, muy fuerte. Porque la mente tiene mucho poder. Pero la mayoría no lo saben. Hay que pararse a escuchar lo que nos dice nuestro interior, lo que hay dentro de esas paredes de piel.
Apaga la música. Vete de la habitación a un lugar más silencioso. Invoca el silencio por unos minutos. Reflexiona. Piensa. Evádete del mundo por un instante.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Todo puede ser más fácil...


Y te encuentras, caminando, pasito a pasito, volviendo tu mirada hacia un lado, fijándote en esos ojos de otoño que no has visto durante todo el verano, acompañada de una conversación kilométrica y sin fin anunciado, como tantas veces has tenido y que ya añorabas. Y encuentras que soltar palabras una detrás de otra y mantener el oído bien abierto es una terapia. Una terapia que agradeces en ese momento. Porque hoy era uno de esos momentos malos y bajo cero. Uno de esos momentos en los que caminas decidida y la calzada se tuerce hacia la izquierda y te encuentras con un callejón sin salida. Y sólo ves un muro que te entorpece. Pero, ¿acaso no puedes volver sobre tus pasos y retomar la dirección? Hoy a sido uno de esos días, de esas semanas de las que empiezan mal, empeoran, y que luego al final, misteriosamente, acaban por solucionarse con algo tan simple y tan sincero, como una sonrisa. Un abrazo, un beso. De esas personas que te afirman con hechos que están ahí, para lo que necesites. De esas pocas personas que hacen preguntarme por qué coño arrastro la mirada y me lleno de rabia, si no sirve de nada. Qué te hacen dar un vuelco y volver a ponerte sobre tus pies para seguir caminando...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Odio los domingos.

Hoy, otra vez. Hoy de nuevo las mismas palabras. Las mismas palabras, proyectadas, alto y claro, de la misma boca, otro día más. Un discurso referido a un hombre el cual se hace llamar mi padre, y al cual llevo años queriendo borrar de mi vida. Es fuerte, ¿verdad? Querer borrar a alguien...Pero es que, es él el que me está borrando a mí. Me está borrando de su lista de preferencias, de sus responsabilidades. Está borrando poco a poco las palabras que me solía repetir mi madre, hace mucho tiempo ya, cuando le contaba que no quería ir a ver al papá. 'El papá te quiere con locura, pero a su manera'. Sí...el papá solía decir tantas cosas de mí...Al papá se le llenaba la boca de cosas bonitas sobre mí cuando hablaba con otra gente, y yo estaba delante. Pero las palabras se las lleva el viento. ¿Y esas notas que me dejaba, con una chocolatina encima, antes de irse a trabajar, plagadas de dibujitos y con 'mil besos para la hija más hermosa a la que más quiero'?...Esas hojas también se las ha llevado el viento. Igual que el viento se lleva mis palabras cuando estoy hablando con él, porque parece que no le llegan aún estando a escasos centimetros. No me escucha. No me atiende. He perdido todos los domingos, de todas las semanas desde hace 5 años intentando, cada día, que se interesase, lo más mínimo, por mí. Para hablar de chorradas no hace falta tener que ir a casa de un hombre que, a día de hoy, se ha convertido en un extraño. Ir a casa de un hombre que centraba 2 de sus 5 sentidos en la televisión mientras estábamos en la mesa comiendo. Y después, para seguir matando el tiempo, y el silencio, se acostaba en el sofá y roncaba. ¡Roncaba! Y ahí se acababa mi domingo. Pero yo ya ni escuchaba porque sólo me escuchaba a mí gritar de rabia en mi interior. Y Andrea volvía a repetir: mamá, no quiero ir...'Andrea, lo sé, pero haz un esfuerzo, tienes que ir por el dinero'.
Por el dinero, ¿sabes?. Como si fuésemos mendigas, o algo. Por el puto y asqueroso dinero que nunca ha recompensado lo que tenía que aguantar allí. Pero sigue reprimiendote; sigue finjiendo; sigue bailándole el agua. ¡Sonríe!. Sonríe hasta que puedas bajar las escaleras, y salir de allí. Corriendo, si hace falta. Porque ya daba asco caminar por esas calles. Un recorrido que tus pies hacían sin que tu cabeza lo pensase. Cada domingo, de cada semana. Cinco años consecutivos.
Pero desde hace medio año la cosa ha cambiado. Ahora ya no lo veo cada domingo. Lo veo cuando puedo, cuando quiero, y cuando él se digna a aparecer. Es como si huyese. ¿Y el dinero? El dinero, a menos que se lo funda en estupideces inservibles, el dinero le cuesta tanto soltarlo que falta poco para que mi madre se arrodille y le suplique. Lo que te digo, casi mendigando. Le da igual que mi madre esté en paro y que esté haciendo lo imposible por seguir adelante. Le da igual que mi pobre abuela divida su triste pensión entre dos de sus hijas, para que almenos puedan ducharse con agua caliente. Todo le da igual, menos él. No sabes cuánta rabia e impotencia...No sabes las ganas que tengo de chillarle. Chillarle. Chillarle todo lo que me he callado. Todo lo mal que lo ha hecho y que lo está haciendo. ¡Todo, todo, todo, todo! Porque si tú no te interesas por mí yo no voy a hacerlo. No me voy a compadecer de si tú estás mal o si casi te mueres. 'Casi me voy al otro lado...' ¡Pues adelante! ¡Vete! ¡No sé si lloraría...!
Sí, sí que lloraría, pero lloraría por lo que no he tenido, por lo que no me has dado, por lo que no he vivido contigo. Porque yo hubiese preferido, en todos estos años, un poco de afecto, un poco de atención, UN POCO SÓLO, antes que el dinero, antes que cualquier chorrada... Haberme sentido querida, joder...

domingo, 2 de agosto de 2009

Una suerte que me ampara

Ya ves.
Me dijo que se encontró con la suerte; la saludó estrechándole la mano. Le dijo que por la noche se convierte en Casualidades, y de vez en cuando se acerca la Felicidad y le invita a tomar una copa.
Pero me aseguró que ir detrás de cualquiera de ellas, persiguiéndolas por toda la pista de baile, no sirve de nada; les gusta jugar al escondite.
Lo mejor es sentarse frente a la barra y dejar que sean ellas las que se acerquen, toquen tu hombro y te pregunten:
¿Te apetece bailar?

miércoles, 29 de julio de 2009

Un picknick para dos.

Extenderé mi mantel de picknick en el aire y prepararé una merienda para los dos.Tu, yo...el viento y las hojas. Tu y tus labios; yo y mis brazos envolviéndote para evitar que te escapes volando. Escucharé tu brisa suspirándome al oído una vez más, y me fundiré en tu piel, acariciándote con mis manos. El sol, celoso, nos mirará. Y dormiremos abrazados en las nubes aunque solo sea por un rato...

martes, 28 de julio de 2009

Tápame los ojos. Déjame ver solo a 10 cm de mí. No quiero especular sobre qué será lo siguiente porque siempre se entromete algo que cambia mi protocolo a seguir. Siempre lo inesperado llama a mi puerta. Pues bien. No haré más planes, no haré más inventos, no haré más castillos en el aire. Me limitaré a sentir, a dejarme llevar, a ponerme cómoda en mi asiento mientras veo mi vida pasar.
¡Vaya! Lo he vuelto a hacer.
Lo he vuelto a prometer.

1

Abre el portón y sale. Se espera un instante hasta que oye que la puerta se cierra. Una puerta que se cierra, es otra que se abre, ¿no? A ella se le abre un mundo que ya conocía. Baja el escalón y pisa el suelo que ya debería estar impregnado de sus huellas, por hacer desde hace años el mismo camino. Suspira. 'De nuevo aquí' Y sigue hacia delante recorriendo con la mirada cada milimetro de la imagen que se le presenta. Se siente como el agua estancada. A veces se pregunta por qué sigue corriendo en circulos. Por qué no corta la cinta que reproduce los fotogramas de su pelicula y vuela de alli. Por qué no se decide a marcar el siguiente paso, levantar la barbilla y dejar que el aire acaricie su cara al pasar con prisa. El tiempo se le escapa. Entonces una vez más (reza para que esta sea la definitiva) hace resonar palabras que han quedado marcadas en su cabeza para siempre y lo vuelve a intentar. Lo siguiente que recuerdo es verla doblar la esquina corriendo. Quien sabe si la volveré a ver...